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Capítulo 2 "Comienzo"


Capitulo 2 “Comienzo”

Es el año 2032. Habían pasado 20 años desde que no volvía a la superficie. La vida en el metro se había vuelto algo normal, seguro, peligrosamente satisfactorio, reconfortante sabiendo de las creaturas y peligros que hay más allá de las puertas. Ya no recordaba como era el mundo allí arriba, pero sí recuerdo a mi madre, siempre sonriente y preocupada por mí, pese a que yo era un desastre.

No tenía fotos de ella, solo recuerdos perdidos en mi mente que me habían obligado a retratarla en una hoja, que no es ella, pero que la colocaba sobre mi pecho todos los días, y trataba de imaginar que me estaba acompañando desde donde esté. Pese a todas las adversidades, todavía seguía soñando que algún día volvería a la superficie a respirar aire fresco, a sentir el viento chocando contra mi cuerpo y a disfrutar de los ocasos que observaba desde el borde del río en los atardeceres de verano.

El mundo ya no era el mismo, había nuevas creaturas y poderes psíquicos y casi sobrenaturales en los túneles y en la superficie, entes extraños que hacían notar su presencia a cada momento en nuestras vidas, tal vez, no más malignos que el fuego de una fogata, o el agua hirviendo en una pava, pero que estaban allí, expectantes, desafiantes, atraídos hacia nosotros.

En los últimos meses habían estado ocurriendo sucesos extraños, las estaciones del norte (antiguas línea D y B). Los ataques de los Novo Canis estaban siendo más frecuentes, con más violencia, y con mayor cantidad de ejemplares. Aunque esto era preocupante, no llamaba la atención de los gobernadores de las estaciones, puesto que los ataques eran repelidos con facilidad, hasta que un día todo cambió.

-Che pibe, ¿Tenés pensado dormir todo el día?

- ¿Eh? ¿Qué? –Dije entre dormido-

-Dale bella durmiente, levántate que es urgente.

-¿Qué pasó? ¿No podés decírmelo acá?

-No. Necesito que vengas. Te espero en la enfermería.

Era Axel. Cerró la puerta y se fue para la enfermería. Me costó muchísimo levantarme, estaba cansado, había tenido un sueño raro también, casi una pesadilla. Soñé que estaba de vuelta en el año 2012, estaba caminando con una chica con la que solía salir por el bajo de San Fernando, caminaba hacia la costa, cuando es reemplazada por otra chica, en realidad, una mujer. Su piel era blanca y su cabello color castaño claro, tenia ojos verdes y una voz muy suave, sin embargo, en el sueño seguía actuando como si la conociera. Iba a preguntarle su nombre, pero me dijo que era hora de partir y fue cuando Axel me llamó.

Me vestí y me dirigí hacia la enfermería. Nunca la había visto tan colmada de pacientes. Cuando entré todo era un caos, decenas de hombres estaban acostados en el suelo, su tono de piel era pálido, su mirada estaba perdida y decían palabras que no tenían coherencia ni sentido.

Llegué y encontré a Axel, con él estaban Piero y José, dos viejos amigos suyos.

Piero, un comando de Retiro, ex militar y médico, un tipo duro. Un buen hombre en cuanto a lo que podía ofrecer, tenía un carácter fuerte, dominante, gran capacidad de liderazgo pero muy testarudo cuando quería serlo. Hablaba utilizando modismos y jergas de la vieja sociedad, decía que no quería perder su identidad y menos aún, su condición de humano. Tenía aproximadamente unos cincuenta y dos años.

José en cambio, era un hombre de ciencias, ingeniero, físico, biólogo y matemático. Ellos dos habían estado realizando estudios en la superficie y en zonas aledañas a las estaciones, habían hecho un descubrimiento que parecía haberlos aterrado. Su carácter era sumiso, tímido y muy introvertido, pero esto no significaba que no dijera lo que pensaba, muy respetado por todos. Tal vez su mayor defecto y razón para odiarlo, pero para amarlo también, era su forma directa y honesta de decir las cosas. Incluso a veces era reprendido por Piero por su falta de esperanzas.

Nos saludamos, y nos sentamos a hablar en una habitación al lado de la enfermería.

-Axel, tenemos malas noticias, y son muy malas.

-¿Qué es? ¿Es sobre los ataques?
- Si, y muchas otras cosas también.

-Bueno, empiecen a contar viejos –dije yo-

- Jajá, míralo al pibe dando órdenes. –Dijo Piero entre risas-

- Basta de chistes –dijo José enojado-. La radiación de la superficie se está empezando a filtrar por la tierra, en estos 20 años avanzó mucho, más de lo que esperábamos. Está aproximadamente a un metro sobre el techo de esta estación. El problema igualmente además de ese, es que si llega a las napas y redes subterráneas de agua, ésta se va a volver radioactiva y no se va a poder ingerir, pese a los sistemas de filtro y purificación.

-Tenemos que hacer algo. –Dijo Axel-

-Si… Tenemos que ir hasta Plaza de mayo, ahí está la sede tecnológica central, dicen que allá encontraron la forma de evitar la radiación, pero los muy bastardos no quieren emprender el viaje para acá.

-Bueno, parece que eso tiene solución. De lo otro… ¿Les contás vos, o les cuento yo?

- ¿Qué otro? –Dije-

- El otro día, estábamos en la superficie con un grupo de comandos, y descubrimos un asentamiento. No era de humanos comunes, no había ropa, si había alimentos y otras cosas, escuchamos unos ruidos y nos escondimos detrás de unos escombros. De la nada, casi por teletransportación, surgieron unas creaturas con una forma humanoide, más altas que el promedio normal, delgadas, y con manos y brazos muy largos y finos. Hablaban en un idioma extraño, no era español, pero tampoco inglés, ruso, danés, francés, alemán o italiano. Instantáneamente todos los comandos comenzamos a sentir mareos y desmayos, uno de los nuestros disparo accidentalmente su arma, revelando nuestra posición, todos ellos comenzaron a acercarse, nos levantamos, les disparamos y comenzamos a huir. En el tiroteo herimos a un par, pero se volvieron a levantar, mientras huíamos, la escenografía había cambiado. Estábamos corriendo en Buenos Aires del 2012, con árboles, calles, veredas, el cielo azul. Algo había sucedido.

Sus voces comenzaron a resonar en nuestras cabezas y provocaban la locura, todo se volvía borroso, con una densa bruma que dificultaba todo aún más. Me detuve por un momento, trate de olvidar todo, y concentrarme en lo que estaba pasando. Cuando lo hice, uno de ellos estaba sobre mí, solamente extendiendo su brazo logro tumbarme, ni siquiera me tocó. Una fuerza me empujaba hacia el piso, no podía levantarme, pero el maldito no sabía que tenía una pistola en mi cinturón, la tomé y le disparé tantas veces como para matar a un demonio. Me levanté y corrí, tanto como pude, a mis espaldas dejaba a mi pelotón, todos alucinando estar en el pasado.

Llegué hasta la estación de Juramento, donde horas más tarde aparecería un comando que me acompañaba. Los síntomas de él fueron los mismos que los de los hombres en la enfermería. –Contó Piero-

-Todos están muriendo lentamente. Pierden sus funciones cognitivas.

-Él también lo hizo. Murió al día siguiente.

-¿Qué son esas cosas José? –dije-

- No lo sé. Seguramente son hombres que sufrieron mutaciones genéticas, realmente no tengo explicación lógica todavía para entenderlo y mucho menos razonarlo. Poseen poderes de teletransportacion, telequinesis y telepatía, pero aparentemente solo se teletransportan a lugares donde estuvieron antes, sino ya estarían acá con nosotros.

Estábamos los cuatro preocupados, ¿Qué pasaría si esos humanoides lograban llegar a las estaciones, qué pasaría con todos nosotros?

La alarma de intrusos sonó. Unos canis se habían infiltrado hasta las granjas y corrían peligro los animales. Piero, Axel y yo tomamos unas armas y fuimos hasta el lugar, José se quedo en la enfermería. Cuando abrimos las compuertas hacia las granjas, el lugar estaba plagado de canis, los centinelas estaban acorralados en unas trincheras precarias que estaban a punto de ceder. Comenzamos a combatir. Estuvimos aproximadamente unos 40 minutos disparándole a cuanto perro mutante se mostraba frente a nosotros. Afortunadamente, los animales estaban a salvo, las jaulas reforzadas habían funcionado de maravilla. Piero comenzó a revisar a los canis que yacían en el piso y en uno que no estaba muerto, vio una mirada de horror, como si hubiera visto a un fantasma.

-Raro. No entiendo cómo se colaron por la periferia. –dije-

Un guardia viene corriendo hacia nosotros, y nos dice

-Señores, necesito que vean esto.

Nos llevó hacia donde estaba la compuerta gigante, la abrió, y todo el sistema defensivo había sido destruido. Los guardias estaban traumados, no decían solo más que 2 palabras. Hombres oscuros.

Axel comenzó a ayudar a los heridos, a interrogarlos para saber que había ocurrido. Piero, en cambio, asintió con la cabeza y se dirigió hacia la salida, preparó su máscara anti-gas y me llamó.

-Nene, vení para acá.

Fui con Piero. Sacó una insignia de su bolsillo, tenia pintada una C con la bandera italiana de fondo.

-Si yo no vuelvo dentro de 2 días, viaja hasta retiro y busca a Müller, dale esto para que sepa que te mandé yo. Tengo que averiguar qué es lo que está pasando acá. Confío en vos pibe. No me defraudes.

Piero entró por una puerta de mantenimiento que daba a la superficie, y se fue.

Axel, los centinelas y yo, cerramos las compuertas y activamos las defensas automáticas, que no eran más que 2 brazos robóticos armados con un sistema de detección de calor.

Nos dirigimos hasta la enfermería donde estaba José.

-Esto es malo, murieron todos.

- Lo nuestro es peor –dijimos-. Los <Hombres Oscuros> llegaron hasta acá.

Rara definición para esas creaturas, pero los soldados los nombraron así. Así deberían ser llamados entonces.




“Buen viaje”

Pasaron dos días y Piero no había regresado, acepté finalmente después de meditarlo, que él ya no regresaría (De hecho fue así, nunca más lo volvería a ver). Tenía que abandonar la estación, pero… ¿Cómo? Axel no permitiría abandonarla, y si los guardias me verían salir le avisarían, por lo que a los cincuenta metros recorridos sería detenido y devuelto a la estación. No podía encontrar la solución a este problema, y estaba en mis manos, en esa insignia, tal vez, el futuro de la raza humana. Comencé entonces a averiguar quien realizaba viajes hasta la estación de José Hernández, fue entonces cuando descubrí que por decisión del gobernador, y de un grupo de viajeros de las estaciones del norte, decidieron “unir” los feudos. Nuestra estación era la más rica en cuanto a provisiones, habían llegado al acuerdo de que nosotros les enviaríamos alimentos y ropa, a cambio de armamento y confianza absoluta entre las estaciones, como un acuerdo de protección mutua. El dinero no existe en este nuevo mundo, todo era pagado con balas de grueso militar, (muy difíciles de conseguir) y comida.

Pronto se anunció que se buscaba hombres valientes para hacer el papel de centinelas en las caravanas que llevarían los recursos entre las estaciones. Me alisté.

Axel se enteró de la decisión mía, pero confiaba en que yo iría solo hasta José Hernández y volvería, además estaría acompañado por otros hombres. Lo que no sabía, es que el mío era solo un viaje de ida.

Al día siguiente, me levante temprano y fui a hablar con el guardia de la caravana, éste me guio hasta la armería, donde me fue entregado un revolver, un chaleco de kevlar, una máscara anti-gas, filtros para esta, dosis de adrenalina y una metralla. Era una Sten de 1945. Me fueron entregadas también balas con herrumbres, estas balas eran construidas bajo tierra, su calidad no era tan buena como las balas militares, pero había en abundancia, palabra que no era muy utilizada en los subterráneos. Ya estaba equipado, solo me faltaba partir.

-Andá a dormir otro rato que salimos dentro de 2 horas.

Sabía que si me iba hasta mi habitación y me dormía, no me despertaría, por eso decidí dormirme en el vagón de carga.

-Che vago, despertate dale

-Si… si

Me desperté. Un hombre me ayudo a  ponerme en pie y me abofeteo para que me despertara del todo.

-Ahí esta papá, Soy Marquitos, tu compañero de vagón.

- Soy…

- No me digas, tenes cara de Marcelo

- No, ¿Eh? ¿Qué Marcelo?
- Agacháte y conocélo cabezón Jajá. Chiste. ¿Estás listo para viajar?

- Sí, creo…

Un hombre con un megáfono anuncio que estemos todos listos que partiríamos. Y así lo hicimos.

Por primera vez, abandonaba la seguridad de mi estación, ese lugar infrahumano, casi detestable para cualquiera, pero que para mí, se había convertido en mi nuevo hogar.

La formación consistía de tres vagones, ustedes se imaginarán vagones como los del viejo mundo, largos, con asientos, ventanas y seguros. La realidad era que, solo eran estructuras de madera sin techo, solo con asientos, pero completamente descubiertos. Algunos funcionaban a motor y otros mediante una palanca hidráulica que debía ser jalada cada 20 minutos para que el mecanismo se activara. Afortunadamente el vagón delantero era propulsado a motor y estaba enganchado con los otros dos. Los vagones eran defendidos por cuatro hombres cada uno.

Junto a Marcos y a mí, había dos soldados jóvenes, no aparentaban estar muy capacitados para realizar el viaje. Llegamos a la periferia, donde solicitamos permiso para abandonar la estación, una vez concedido, las puertas se abrieron y comenzamos la lenta marcha hacia Juramento y José Hernández.  El viaje hasta la primera estación fue bastante tranquilo, el túnel bien iluminado, brindaba a todos los hombres cierta seguridad que no hacia la oscuridad, Marcos realizó bromas en todo el camino, no paramos de reír en ningún momento, tal vez, el viaje no era tan malo.

Llegamos hasta Juramento. Ahí fuimos recibidos con ansias en la población y fuimos atendidos de lujo en el bar que allí había. Teníamos que esperar 6 horas para que los vagones pasaran por mantenimiento y sean colocados de nuevo en las vías, por lo que comenzamos a beber en el bar.

Las copas de un vodka y un whisky bastante fuerte, casi rosando el aceite de motor, hacían estragos en cada uno de nosotros, celebrábamos, festejábamos, no sabíamos que, tal vez el hecho de estar vivos, de que a cada instante puede ser el final, o tal vez festejábamos la unión de las estaciones, no lo sabía, pero podía afirmar que estaba seguro de que todo iba a terminar de la mejor manera.

A las seis horas aproximadamente partimos hacia José Hernández. Ésta vez en la periferia nos informaron de que hubo un ataque reciente en las vías y que las luces habían sido afectadas, los Canis habían cortado los cables y la iluminación era pobre. Antes de abrirnos las compuertas nos dieron cargadores universales de baterías y linternas de mayor duración. Los cargadores no eran los típicos universales que se enchufaban en la corriente, estos eran como pistolas de aire comprimido, que al ser gatillados, generaban por dentro una chispa en un recipiente de cobre con cargas electromagnéticas, que al estar conectado con la linterna o la visión nocturna, les recargaba la batería. Abandonamos la estación y comenzamos a viajar, esta vez, no era tan chistoso el viaje, sino que estábamos todos callados. El trayecto era corto, nada podía salir mal, pero a mitad de camino más o menos podíamos distinguir a simple vista, que había un humo verdoso, instantáneamente pensamos que era aire radioactivo, nos pusimos nuestras mascaras de gas, sin embargo, Marcos no lo hizo y pareció no afectarle, por lo que yo me la quité. Era una bruma espesa, extraña, muy bien lograda por sea lo que sea que la haya producido. Estábamos atravesándola por la mitad cuando comenzamos a escuchar voces a través de ésta, además de que de golpe una ráfaga de viento nos atravesó a todos, ¿Pero cómo? ¿Desde cuándo había viento en las entrañas de la tierra? De pronto muchos soldados comenzaron a desvanecerse, incluso Marcos. Yo estaba despierto, al parecer eso no me estaba afectando, entonces puedo divisar con dificultad, la sombra de un hombre, era muy alto, delgado, extraño. Supe que pese a que no lo podía ver con precisión, que me estaba mirando a mí, que quería decirme algo.
Una voz en mi cabeza comenzó a hablarme. No entendía el idioma, pero no parecía maligna. Entonces sorprendentemente, estaba en el antiguo subte. Estaba sentado escuchando música con mi celular, había luces por doquier y mucha gente, el sonido, los sentimientos, todo era muy real, pero yo sabía que era una trampa, había una sombra oscura en medio de toda la gente, era uno de ellos. Tomé mi pistola, que en el “sueño” era mi billetera, y comencé a dispararle, instantáneamente re-aparecí  en el nuevo mundo, todo seguía igual. Los hombres estaban inconscientes y mis disparos habían alertado a un grupo de Canis. Golpee a Marcos hasta que se despertó, al mismo tiempo una jauría de Canis se nos abalanzaba sobre nosotros. Marcos tomó su M4A1 o Colt y yo mi obsoleta Sten 45’. Comenzamos a disparar por doquier. Nosotros, por ser el último vagón, teníamos un lanzallamas para protegernos de forma más íntegra

-Cubrime Marcos

- Ok, ok,ok

Fui hasta el lanzallamas y lo encendí. Comencé a incinerar a toda creatura que se abalanzaba sobre mí, marcos cubría mis flancos para que no se subieran al vagón, sin embargo, luego de haber hecho el asado mutante más grande del mundo, 3 Canis habían logrado subir al vagón. La pelea se hizo cuerpo a cuerpo. Los canis obviamente, atacaron y masacraron a los guardias dormidos. Marcos desenfundó su pistola y comenzó a dispararles, yo hice lo mismo. Habíamos logrado repeler el ataque, pero suponiendo que estas creaturas habían llegado hasta el primer vagón, nadie lo estaría comandando, por lo que terminaríamos chocando contra la periferia de José Hernández. Él y yo comenzamos a saltar de formación en formación. No eran muchas, solo 2, pero en la oscuridad, y en las condiciones en las que se encontraban, un error sería el final. Estábamos entrando a la periferia de la estación, las luces nos iluminaron y por megáfonos nos dieron alerta de detenernos. Yo estaba a punto de jalar el freno cuando una creatura sale de la nada y me asesta un golpe que me arroja de la formación. Caí a las vías. El suelo comenzaba a temblar, no era un terremoto, era un grupo de Canis aproximándose. Desesperado me escondí debajo de una estructura de madera que poseía unas mantas que no permitían verme. A lo lejos escucho un disparo y gritos de desesperación por parte de Marcos. Unos diez Canis pasaron junto a mí sin darse cuenta.
Mis armas habían quedado arriba del vagón y no tenía más que una linterna. Extrañamente comienzo a sentir otra vez mareos y voces en mi cabeza. No me había dado cuenta, pero estaba herido y sangraba, la sangre atraía a todo tipo de creaturas. Esto era malo. La voz en mi cabeza seguía hablando en un idioma desconocido, no la entendía, pero entonces, empezó a decir mi nombre. Repentinamente comenzó a hablar en español, podía entender lo que me decía, entonces siento que dice la palabra < ¡Corre ahora!>. Había unos 50 metros hasta donde estaban los centinelas de la estación con Marcos. Estaba herido, probablemente tendría una herida punzante y el golpe me había dejado sin aire. Comencé a correr. Los metros se hacían eternos, lo hacía con todas mis fuerzas, pero parecía no poder llegar más. Detrás de mí otra oleada de canis se aproximaba. Sabía que no lo lograría. Tropecé y caí, no tenía más aire ni fuerzas para continuar. Los guardias y Marcos comenzaron a disparar a los canis para que no me atraparan, estaba a tan solo quince metros. En mi cabeza se cruzaron muchos pensamientos, pero de nuevo oí la voz esa diciendo que corra. Extrañamente me levanté de una forma sorprendente, no entendía como ni porque, pero empecé a correr, esta vez, no sentía dolor alguno ni nada. Llegué hasta la barricada, y la salté. Había logrado mi objetivo.

Rápidamente me llevaron adentro de la estación y fui a la enfermería. Tenía un golpe fuerte, pero, el corte había desaparecido, la ropa la tenia llena de sangre e incluso tenía un tajo en el pecho donde me había golpeado el Cani. Estaba muy confundido. No entendía como ni el porqué ese <Oscuro> me había ayudado. ¿Ellos eran realmente nuestros enemigos?

-Suerte que estás vivo pibe. Descansa.               
Así lo hice.

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